Ti racconto la mia storia a Vicenza con un tweet / Te cuento mi historia en Vicenza con un tuit.

Mi gigante en Vicenza

Llega un momento en la vida en el que debemos enfrentarnos a un gigante desconocido que no podemos evitar. Normalmente ese momento llega cuando se está en la escuela y se tienen unos años. Es entonces, cuando tu maestro o maestra, con paciencia y necesaria pasión, te enseña cómo escribir: primero las letras, después palabras y más palabras, hasta que encadenas las primeras frases más o menos largas.

Y es entonces, cuando te dispones a marcar el papel con tu bolígrafo o lápiz que empiezan las dudas. Es entonces, cuando te preguntas asiduamente, si escribir se escribe con b o con v, ¿y vivir? ¿Por qué nos lo pone tan difícil el español? ¿Por qué b y v se pronuncian igual?

Y qué decir de la g o la j. Por suerte, aprendemos enseguida, por usarlo continuamente, que coger es con g pero, cuántas veces la duda nos ha cogido in fraganti. Recuerdo que a mis cinco o seis años, innumerables veces me cogió impreparado. Ahora, casi cuarenta años después, ya no dejo que me coja por sorpresa.

Si nuestra querida lengua nos hiciera dudar solo con la b o la v o con la g o la j, no podríamos quejarnos. Pero, qué decir de nuestra querida y muda h, por su culpa también nos preguntamos: ¿por qué la tenemos,si no se pronuncia nunca? Por desgracia, allá en la escuela aunque la maestra o el aya en casa, nos lo haya repetido mil veces, no conseguimos hallar respuesta.  Y cuando nos enseñan con renovada pasión que la c o la z también se pronuncian igual, nos asalta la desesperación.

Por suerte, a esa temprana edad poseemos la ingenuidad y energía necesarias para batirnos con este gigante que es la escritura. Tenemos a nuestros maestros que nos enseñan. Tenemos el tiempo necesario para practicarla. Tenemos el contexto que nos rodea y nos guía. Podemos equivocarnos y volver a equivocarnos, equivocarnos incontables veces y siempre levantarnos. Tenemos todo esto y mucho más.

Cuando definitivamente y sin remedio tuve que enfrentarme al italiano escrito, todo eso me faltaba. De golpe y porrazo me hallaba ante un desierto ilimitado, lleno de dunas móviles y arenas movedizas.

Y la primera vez que puse pie en él me sentí rodeado por enormes gigantes y sin armas hasta que encontré a mi fiel y más querido amigo de travesía

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