Ti racconto la mia storia a Vicenza con un tweet / Te cuento mi historia en Vicenza con un tuit.

Mi más fiel amigo en Vicenza

Conocí a mi más fiel y querido amigo de travesía ya en España. Entró en mi vida unos días antes de emprender camino hacia Vicenza. Eran mis últimos días en Barcelona y mis compañeros de piso creyeron que no podía tener mejor compañía en Italia.  

De hecho, fueron unos italianos—yo había vivido con varios en Barcelona— quienes me dieron a mi fiel compañero. Creo que ellos—los italianos—lo habían tenido también como su fiel amigo en España.

Así que yo y mi fiel compañero de travesía llegamos a Vicenza. Él estaba muchísimo más preparado que yo para aquella aventura en Italia. Efectivamente, él tenía una larga experiencia en el campo, llevaba siglos acumulándola. Yo estaba verde como un melocotón en febrero.

Mi querido amigo, además, no molestaba jamás. Era tranquilo y no se quejaba nunca. No hacía ruido y no consumía. Ocupaba poco espacio y era ligero. Y sobre todo siempre estaba disponible. Solo tenías que preguntarle cualquier cosa y te daba la respuesta.

Y no sólo eso, además, te daba tiempo. Te permitía vivir tu experiencia con calma. Te aconsejaba consultarle con atención y sosiego. Te indicaba siempre el camino que seguir para encontrar la respuesta.

El único inconveniente de mi querido amigo era que no podías llevarlo a todas partes. En realidad, sí que podías, pero a veces no resultaba fácil para él. Cuando iba a la playa era mejor no acercarlo al agua y dejarlo siempre bajo la sombrilla. También debía tener cuidado cuando lo consultaba, los granos de arena le hacían cosquillas e incluso podían arañarlo y rasgarlo. Prefería quedarse en casa en su lugar favorito. Necesitaba un pequeño espacio sin humedad ni polvo, alejado de fuentes de calor y junto a otros amigos como él.

Cada vez que me entraban dudas yo sabía que él tenía la respuesta preparada. Durante mis primeras semanas en Vicenza, comunicábamos muy a menudo. Cada día y varias veces al día. Después de unos tres meses dejamos de vernos tan seguido.  Yo me sentía más seguro y él tenía más tiempo libre para descansar. Aunque sabía que siempre estaba disponible.

Volvimos a relacionarnos mucho más cuando yo empecé a escribir en italiano. Me volvieron las dudas y él me las aclaraba con su templanza, sencillez y claridad. A veces, sin embargo, ni él tenía la solución. Tampoco otros amigos suyos me la podían dar, simplemente la desconocían. Entonces me decía que ésa era la palabra, la frase o la expresión justas y no había más que pensar.

Hemos pasado casi veinte años juntos. Ahora ya casi no nos vemos. Han aparecido muchos más como él que puedo consultar en cualquier lugar, son más rápidos, pero más insulsos, me dan una respuesta inmediata, pero me enseñan poco. Pero, a veces, estos nuevos y modernos no están disponibles como mi fiel y viejo compañero de tapa dura y sutiles páginas. Es entonces cuando cojo a mi fiel diccionario para recordar los buenos tiempos

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