Ti racconto la mia storia a Vicenza con un tweet / Te cuento mi historia en Vicenza con un tuit.

El sacacorchos vicentino

Cuando lo dejaron sobre mi mesa no me pareció lo que me habían dicho que iban a traer. Era mucho más grande de lo habitual. Tenía un color que no había visto nunca en uno de ellos. Era el color de los hilos de cobre para las conexiones telefónicas o de los tubos de las calderas de gas.

Su forma era aún más especial. Me pareció un pequeño robot mecánico con parecido humano. La cabeza era elíptica y carecía completamente de boca, nariz y ojos. Más bien era un gran ojo elíptico oscuro que incluso cuando daba vueltas parecía no moverse.

La cabeza-ojo se conectaba con el resto del cuerpo a través de una espiral-cuello que no parecía terminar nunca. Penetraba en el cuerpo desapareciendo a tus ojos y apareciendo en lo que parecía su barriga.

El tronco, por donde desaparecía la espiral-cuello, se ensanchaba en su parte superior, en cuyos hombros había dos pequeños orificios donde se engranaban sus brazos.

Los brazos eran espectaculares. No solo eran la parte más larga del mecanismo, sino que cuando se accionaban más que brazos parecían alas. Dos largas alas que cuando aleteaban, ponían en movimiento vertiginoso a la espiral-cuello y a la cabeza-ojo. Estas como accionadas por el diablo se ponían a girar y girar cada vez más deprisa y sin final previsible. Al subir mostraban unos diminutos codos que unían el antebrazo al hombro y al bajar golpeaban suavemente en el largo tronco, justo en el lugar donde se encondía su misterioso nombre: “Campagnolo” se leía grabado en el metal cobrizo, con bella caligrafía, sobre lo que parecía un sol radiante.  

Ese nombre, esa marca, no me resultaba desconocida. Me hacía recordar esas tardes de verano en el sofá delante de la televisión en las que entre cabezazos somnolientos me ponía a ver la etapa cotidiana del Giro d’Italia.  Era mi única relación con ese término.

Mi primer sacacorchos Campagnolo había llegado del corazón de Vicenza. Lo habían traído desde su oficina en Piazza dei Signori dos de las parroquianas de mi primera fiesta vicentina. No podía imaginarme que en Vicenza fuera parte esencial de cualquier fiesta

Un pensiero riguardo “Uno spagnolo a Vicenza/ Un español en Vicenza

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