Ti racconto la mia storia a Vicenza con un tweet / Te cuento mi historia en Vicenza con un tuit.

Mi nuevo pisazo en Vicenza

Habían entrado en mi casa para robar, aunque al final se habían esfumado con las manos vacías. Yo decidí hacer lo mismo, esfumarme de mi pisito, pero con todos mis enseres.

Mi nueva casa era mucho más grande. No iba a vivir solo. Iba a compartir un apartamento de cuatro dormitorios, un baño, una cocina y un pasillo ancho y largo como la nave central de una iglesia. Mis nuevos compañeros de piso no eran vicentinos. Más bien todo lo contrario. Había un brasileño, una estadounidense y una siciliana. En teoría, vivía también un peruano con una vicentina, aunque no se les veía el pelo. De vez en cuando llegaba otra vicentina de un pequeño pueblo de la provincia, que trabajaba en la ciudad y en mi nuevo apartamento tenía su segunda casa vicentina.

El pisazo estaba fuera del casco antiguo, donde en los años de la posguerra se consideraba la periferia de Vicenza. Ahora ya se incluía en la ciudad nueva, aunque algo permaneciera de aquellos años. El edificio más emblemático de entonces estaba justo delante de mi nueva casa. Tenía jardín con árboles de largas ramas y suelo de piedrecitas, todo ello daba a un edificio de madera vetusto que recordaba a aquellos de los años veinte del siglo pasado. Había sido un bar y seguía siéndolo. Era el mítico Sartea y lo tenía a diez metros de casa.

Iba a descubrir que el vicentino además del casco antiguo tenía otros lugares sagrados en su deambular cotidiano y festivo por la urbs palladiana. El Sartea era uno de esos templos. Y también era mágico. Tenía el poder de unir al vicentino doc con el vicentino-mundo.

El primero es el vicentino de toda la vida, tan estirado y seco como los bigoli y sencillamente sabroso como el ragù d’anatra.

El segundo es el vicentino antivicentino pero que no puede dejar de ser vicentino o mostrarlo. Sería como un cuscús con radicchio rociado con un buen merlot con fondo de sagra sui colli.

En el Sartea se mezclaban el primero y el segundo. Incluso, siempre en el Sartea, se podía presenciar una milagrosa unión trinitaria: vicentino doc, vicentino-mundo y extranjero, ingredientes indispensables de esta especial salsa de baccalà alla vicentina que estaba descubriendo en Vicenza

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