(edición especial)

Ti racconto la mia storia a Vicenza con un tweet / Te cuento mi historia en Vicenza con un tuit.

Hoy es un día especial

Hola querido lector o estudiante. Como ves hoy no es domingo como suele ser cuando lees este artículo.

Hoy es un día especial.

Hoy es un día importante que llega todos los años, pero, no se sabe muy bien por qué, el último suele ser el más particular.

Es este día en el que tu madre te suele recordar que sería a finales de los años setenta en una España de transición cuando ella tras casi nueve meses de gestación estaría a punto de caramelo. Y entonces pasa a relatarte los pormenores: “Era de noche y serían las dos o las tres de la madrugada cuando brotaste hijo mío, qué pequeñito y feíto que eras -¡ay mamá, por dios! piensas tú. Yo estaba hasta el gorro de soplar y dilatar, madre mía qué cansancio -¡ay, pobre mamá!, vuelves a pensar- habría perdido dos quilos en dos horas de lo que sudaría”.

Este día suele empezar con este recuerdo indeleble para madre e hijo. Para una por su fatiga, para el otro por esa culpabilidad involuntaria que te acompañaría desde el primer y sin cesar.

Este día tiene poco después recuerdos de infancia. De cuando tendrías seis o siete años, y estarías con todos tus primos y familia en la huerta, y tu tía – ¡ay, la tía! ¡cuánto la echas de menos!- te haría una olla de puchero con un riquísimo, suave y denso chocolate para untar. Y tú con tus deditos todos manchaditos con el dulce manjar meterías esos largos bizcochos con azúcar por encima que al contacto con el negro néctar se transformarían en un delicioso e irrefrenable mordisco. ¡Eso sí que era disfrutar!

Y así sería año tras año hasta cuando ya estarías crecidito y por preferir otras celebraciones o desgaste familiar ese día se convertiría en un día de pastelito sobras de mi amada Mona que duraría desde Pascuas hasta tu natividad.

También en este día pasaría por tu cabeza aquella primera vez cuando ya vivías en Vicenza y haría calor, seríais unos diez quizás, y estabais en las colinas de Brendola cuando lo volviste a celebrar. Ya habrías pasado los veintisiete o veintiocho me parece y estarías ya a medio pelo, pero te divertiste como nunca. Recuerdas que hiciste una barbacoa para todos. ¿Sería el inglés con el que trabajabas que la haría? No sé. Sí que recuerdas que comisteis, reísteis y bebisteis a igual medida. Y sería mucho porque después hasta incluso dormisteis la siesta. Me parece que llegarías a dar un paseo por los senderos de la zona, más que nada, para pasar el soponcio.

Y así luego de aquellos primeros años vicentinos también este día se haría más tranquilo. Sería hace unos seis o siete años que empezaste a pasarlo en familia, esta vez la tuya. También comerías, reirías y beberías como en los años anteriores, pero lo harías con más mesura. ¿Serías ya una persona responsable? Quizás sí o eso pensaban de ti porque te darían regalos de todas partes incluso de allende los mares. Y pensarías que no esta mal la vida.

Hoy ha llegado de nuevo tu día campeón: ¡Feliz cumpleaños viejo amigo!

Un pensiero riguardo “Uno spagnolo a Vicenza/ Un español en Vicenza

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