Colores vicentinos

En invierno empieza hacia las cuatro y media.

En primavera desde las cinco y media hasta las seis y media, diría.

En verano llegaría hasta las nueve, para en otoño, como buen cangrejo, poco a poco andar para atrás.

Pero en cualquier época del año empieza, solo, si el cielo está despejado: un cielo azul e iluminado por el sol, un cielo todo azul brillante.

Porque si está nublado, es un cielo de un gris como algodones sucios por el humo.

Porque si hay niebla, es un cielo siempre gris, pero un gris liso de gabardina de los años cuarenta.

Porque si hay tormenta, es un cielo también gris, pero de nubarrones tan grises como negros, que si te pillan debajo asustan.

Pero en Vicenza ese cielo azul, completamente azul, totalmente azul que el sol baña de día, cuando anochece te habla. Te dice hasta mañana. Se despide de ti así:

Azul brillante

Azul claro

Azul menos claro

Azul un poco oscuro

Azul oscuro y rosa claro

A rayas azul oscuro y rosa claro

Cada vez más azul oscuro y menos rosa

Rosa, negro y azul

Muy negro oscuro y una delgada línea azul…

que a paso de caracol desaparece en la oscuridad del negro.

Adiós.

Y es en esos días, cuando un español en Vicenza no echa de menos el liso, severo y taciturno anochecer peninsular

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