Delfos, del mito al hombre occidental / Delfi, dal mito all’uomo occidentale — EL BLOG DEL PROFESOR VIAJERO

Versión en españolTemplo de Apolo en el santuario de DelfosEn nuestro viaje de aprendizaje por la Grecia madre, no podíamos dejar de visitar el ombligo del antiguo mundo: Delfos. Como verdaderos peregrinos deberíamos haber emprendido camino a pie por la vía Pítica desde Atenas hasta el santuario. Los tiempos de Sócrates quedaban lejos así que nuestra…

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Uno spagnolo a Vicenza/ Un español en Vicenza

Ti racconto la mia storia a Vicenza con un tweet / Te cuento mi historia en Vicenza con un tuit.

A pesar del panettone las Navidades las pasé en España.

Había vivido en Vicenza desde mayo. Ocho meses con todos sus días.

Había hecho cuatro horas al día de curso de italiano, durante mi primer mes.

Había compartido piso con un italiano por casi ocho meses.

Había hecho unos tres meses de campamentos de verano, cada mañana, de lunes a viernes, con niños que me hablaban solo en italiano.

Llevaba unos cinco meses de lunes a viernes y por diez horas al día en contacto con personas con quienes me había comunicado exclusivamente en italiano.

Había visto la tele en italiano por numerosas horas que hacían días enteros.

Había leído varios libros en italiano que había sacado de la fabulosa Biblioteca Bertoliana, donde además había descubierto el passato remoto y el congiuntivo, tiempos verbales que jamás había oído en Vicenza y que con alegría había empezado a utilizar para sorpresa de mis vecinos vicentinos.

Había estado en conciertos de grupos italianos en varios lugares y había escuchado muchísima música italiana, desde el trío sagrado: Guccini, Battisti, De Gregori, hasta Vasco Rossi, que me habían asegurado eran los mejores, aunque la verdad ninguno me había tocado la cuerda musical. Por entonces, prefería a Carmen Consoli o los Negrita, a quienes había visto en concierto en la mismísima Povolaro di Dueville, cerca de Vicenza.

También llevaba meses escribiendo correos electrónicos, mensajes de móvil, informes, documentos, etc., con mis errores y todo, pero en italiano.

Y ahora estaba en España.

Mis primeras conversaciones fueron en mi dialecto, con mi madre y mi hermana. A pesar del tiempo y la distancia, estaban contentas de volverme a ver. Justo después y tras meses de inactividad hablé con mi padre, esta vez, en español. Mi hermana me miraba con una risita en los labios.

Esa misma tarde quedé con mis amigos. Con unos había hablado en fragatino, mi dialecto, con otros en castellano. Cuando saltaba al español, me miraban con cara casi de disgusto si no de extrañeza. Hasta que uno de ellos me pregunto: ¿Por qué hablas así?; <<¿Así, cómo?>> le respondí; <<Raro>> me dijo. Y yo pensé: <<¡Zio Billy!>>…

Uno spagnolo a Vicenza/ Un español en Vicenza

Ti racconto la mia storia a Vicenza con un tweet / Te cuento mi historia en Vicenza con un tuit.

Como decía en el último artículo, cuando llevaba unos siete meses en Vicenza volví a España la primera vez.

Volví para pasar las Navidades en familia, como tiene que ser.

Antes de salir había hecho la mochila para pasar unos días invernales por casa, así que había metido gruesa ropa de invierno (pantalones, jerséis, calcetines, camisetas recias) y neceser con lo necesario todo bien apretadito en mi mochila.

De vuelta a casa por Navidad no podía presentarme sin regalo. Y, ¿qué hay más navideño e italiano que un panettone? Un panettone con su azúcar en polvo, ¡claro! Metí el panettone con su azúcar en polvo todo bien apretadito en mi mochila.

Entonces, pensé: ¡mejor si lo cubro con un poco de ropa! ¡no vaya a llegar todo chafado!

Ese mismo día por la tarde estaba en el aeropuerto pasando por el control de seguridad…cuando saltaron todas las alarmas. Un guardia de seguridad con malas pulgas me ordenó que lo siguiera con mi mochila hasta un cuarto pequeño y aislado. Dentro me esperaba un policía que me mandó que abriera la mochila y sacará todo el contenido.

Yo abrí la parte superior y empecé a sacar mi ropa. Lo primero era un jersey verde. Lo segundo un pantalón marrón claro. Lo tercero una camiseta más blanca que azul. Los calcetines negros estaban casi completamente blancos. El panettone se había encogido hasta la mitad. El azúcar en polvo estaba en todas partes y daba un olorcillo navideño al reducido cuarto de la policía

Uno spagnolo a Vicenza/ Un español en Vicenza

Ti racconto la mia storia a Vicenza con un tweet / Te cuento mi historia en Vicenza con un tuit.

Cuando llevaba unos siete meses en Vicenza volví a España la primera vez.

Antes había hecho un mes de clases de italiano con otro chico español y un profesor italiano. Hacíamos cuatros horas cada día, de lunes a viernes, toda la mañana de clases de gramática italiana, lectura y pronunciación, pequeñas conversaciones entre los tres, siempre con dudas, errores y repetición. Dudas. Errores. Repetición. Así por treinta días.

Por las tardes, conocía a gente nueva con quien intentaba comunicar. Los escuchaba más que hablaba. Un día entendía un poco y el siguiente un poco más. Y así, cada día, practicando italiano tres cuartas partes del día, pasaron siete meses.

Antes de volver a España por primera vez había estado en Roma. Los romanos con quienes hablé pensaron que era véneto.

La primera vez que pronuncié palabra en español en España con mis amigos de toda la vida, se me quedaron mirando con expresión inquisitiva y me espetaron: <<¿Por qué hablas así?>>.

Y yo pensé: <<Zio Billy!>>

Uno spagnolo a Vicenza/ Un español en Vicenza

Hay tres palabras que antes o después aprendes si vives en Vicenza: baccalà, magnagatti y Palladio. A un español, normalmente, ni una de las tres le dice nada. A mí tampoco, al principio.

La primera que aprendí, mejor aún, mastiqué, fue el baccalà, y no me gustó. Sigue sin gustarme. Casi, casi como la polenta.

La segunda fue magnagatti, y al principio me pareció difícil de creer. Después llegó lo de Veneziani gran signori, padovani gran dottori, vicentini magnatti, veronesi tutti matti. Y empezó a sonarme mejor, aunque me faltaba el sentido. Éste llegó más tarde.

La tercera fu Palladio: corso Palladio, centro comercial Palladio, la ciudad de Palladio, Hotel Palladio, Tenis Palladio, escaleras Palladio, Inmobiliaria Palladio, Palladio Museum, basílica palladiana, villas palladianas, mármol palladiano, suelo palladiano, etc. Palladio omnipresente. ¿Por qué? Ni idea. A mí paladio me sonaba a química. Nada más. Empecé a comprenderlo con la primera visita del Teatro Olímpico con un guía muy especial. Un vicentino de toda la vida, pragmático y soñador, ingeniero eléctrico hecho a sí mismo y, por supuesto, enamorado de Palladio.

Y eso me abrió un mundo

Uno spagnolo a Vicenza/ Un español en Vicenza

¡Hola queridos estudiantes!

¿Qué tal la primera semana de colegio?…¡Ay!

Como decía mi alumno favorito se llamaba Antonio y tenía unos cinco años. Por la tarde hacía los deberes con él en su casa-caravana.

Uno de esos días hacía calor. Estábamos bajo un toldo apoyado sobre el techo de la casa-caravana de la abuela de Antonio que al mismo tiempo nos hacía sombra y nos servía como terraza. Allí yo debía intentar que Antonio hiciera sus deberes del colegio. Ese día debía escribir una serie de frases en su cuaderno. A dos metros de nosotros sus dos hermanas jugaban bajo el sol. La mayor llevaba una camiseta desgastada y nada más y corría sin parar, la menor solo un pantalón corto y la perseguía. Antonio se las miraba mientras yo le ordenaba que escribiera en su cuaderno.

Su padre no estaba y su madre dormía en su casa-caravana. Su abuela estaba cocinando algo en su pequeña cocina. Debían de ser las cuatro de la tarde. De repente, apareció por la estrecha puerta con un plato de espaguetis con tomate en la mano. Pensé que iba a ponerse a comer, sin embargo, me dijo: <<Toma, para ti>>.  

Me pareció que no podía rechazar su oferta, así que cogí el tenedor y empecé a comerme los espaguetis más al dente de mi vida. A pesar de mi mirada suplicatoria, Antonio apenas había escrito en su cuaderno media frase con letras irregulares. Sus hermanas seguían persiguiéndose por el patio de arena ante la mirada envidiosa de su hermano. Yo seguía esforzándome con los espaguetis. Cuando creía que ya lo había conseguido apareció de nuevo la abuela con una tacita de café. Con una sonrisa me dijo otra vez: <<Toma, para ti>>. 

Cuando la cogí casi se me cae al suelo. Estaba caliente como las brasas. Apenas podía beber pequeñísimos sorbos de café para no quemarme. La abuela me preguntó si me gustaba. Yo le decía que sí con la cabeza. Tras más de media hora conseguí beberme el último sorbo de café, con un poso tan espeso como la arena del patio donde ahora jugaba Antonio con sus dos hermanas

Uno spagnolo a Vicenza/ Un español en Vicenza

¡Hola queridos estudiantes!

¡Mañana empieza el colegio en Vicenza!…¡Ay!

Mi primera clase como “profesor” en Vicenza fue en el 2002. Comenzó más tarde que ahora, hacia finales de septiembre. Mis clases eran individuales y no eran en un aula. Tenía “solo” tres alumnos, los tres eran vecinos y cada uno vivía con su familia en una casa-caravana.

Mi favorito se llamaba Antonio y tenía unos cinco años. Antonio vivía con su padre, su madre y sus dos hermanas. Su padre tenía veintiséis años, su madre que estaba embarazada, no más de veinte. También estaba la abuela paterna. Su casa tenía dos ruedas, dos ventanas, dos colchones en el suelo para dormir y mucha ropa para vestir, por todas partes.

Antonio era el mayor y el primero que iba al colegio. Su día empezaba a las siete y media cuando yo lo recogía en su casa, lo llevaba en bicicleta hasta la puerta del colegio y hacia mediodía lo recogía para llevarlo de nuevo en bicicleta a su casa. Por la tarde hacía los deberes con él en su casa-caravana.

El primer día a las siete y media estaba en su casa. Antonio estaba casi listo. Lo estaban terminando de vestir con su ropa nueva para la escuela. No llevaba nada más: ni mochila, ni cuadernos, ni bolígrafos o lápices, ni estuche. Solo su camiseta roja, sus pantalones vaqueros y sus zapatillas blancas relucientes. Sus padres y su hermana menor completamente desnuda, se lo miraban.

Jamás he visto a unos padres tan orgullosos

Uno spagnolo a Vicenza/ Un español en Vicenza

¡Hola queridos estudiantes!

¿Las vacaciones han terminado?

¡Vamos a hablar de vacaciones!

Mis primeras vacaciones en Vicenza fueron en el verano de 2002. Debía de ser finales de agosto. Dos de mis mejores amigos españoles de toda la vida aprovecharon que yo llevaba unos meses por aquí y vinieron a visitarme.

Creo que pensaron que iban a tener guía, intérprete y compañero de juergas, conocedor del mundo italiano. Sin embargo, yo todavía estaba empezando a desenvolverme en italiano y a orientarme en Vicenza.

Aún recuerdo cuando Miguel Ángel me preguntó:

-¿Qué vol dir chiuso? (la pregunta era en fragatino, nuestro dialecto del catalán). Chiuso lo pronunció a la española, que para un italiano sonaría así: ciuso.

Yo a la primera no lo entendí, estando ya acostumbrado a la pronunciación italiana. Después comprendí al ver la inscripción CHIUSO en la puerta del restaurante delante de mí.

Tancat, le dije en fragatino. Cerrado en español.

-¿Chiuso vol dir tancat? Me volvió a preguntar no confiando en mis dotes lingüísticas.

-Sí, sí, tancat, le volví a responder.

¡Cuánto me ayudó mi lengua materna! Si sólo hubiera hablado español mucho más me habría costado aprender italiano.

Por cierto, el catalán no es un dialecto del español. ¡Es una lengua!

¿Un ejemplo?

La llengua espanyola no és dialecte venecià i la s al final!

¿Claro?

Uno spagnolo a Vicenza/ Un español en Vicenza

Durante mi primer verano en Vicenza hice dos campamentos de verano* para niños.

Los recuerdo como el momento en el que mejor y más rápido aprendí italiano.

¿Por qué? Porque tuve a los mejores profesores: los niños.

Recuerdo que yo les decía: <<Mario, debes hacer esta cosa>>.

El niño me miraba y me decía: <<No se dice así, se dice asá>>.

Yo le respondía: <<Vale>>.

Dos minutos después yo le decía a otro niño: <<Giovanni, no debes decir esta cosa>>.

El niño me miraba contrariado y me respondía: <<No se dice así, se dice asá>>.

Yo le contestaba: <<Vale>>.

Y entonces el niño con cara casi de enfado, me decía: <<Se dice va bene, no vale>>.

Y yo le contestaba: <<Ba bene>>.

Su respuesta no se hacía esperar: <<Se dice va bene, no ba bene>>, afirmaba con rotundidad.

Y yo le respondía: <<Ba bene>>.

<< ¡No! Va bene>>, zanjaba el niño con mirada amenazadora.

Yo, asentía sin decir palabra y pensaba: <<Pero ¿qué he dicho?>>

*centri estivi

Uno spagnolo a Vicenza/ Un español en Vicenza

Otra cosa extraña de mi querido compañero de piso Jesús era la comida.

Tenía todos los armarios de la cocina llenos: jarras de pepinos, alcachofas, pimientos, tomates, calabacines en aceite. Longanizas, salchichas, salamis secos. Ristras de ajos blancos enormes, así como de cebollas blancas, doradas y rojas.

No faltaban tampoco cajas de pasta de marcas que yo no encontraba en el supermercado. Y otra jarras de melocotones, peras, albaricoques y cerezas en almíbar. Y algunos manjares más que no recuerdo.

Sin embargo, nunca lo había visto volver del súper. Y casi nunca cocinaba sino era un abundante plato de pasta.

De vez en cuando desaparecía por días o semanas. Cuando volvía su pequeño coche iba repleto de todo tipo de comestibles.

Entonces entendí, también, la diferencia entre terrone y polentone en italiano