Uno spagnolo a Vicenza/ Un español en Vicenza

Ti racconto la mia storia a Vicenza con un tweet / Te cuento mi historia en Vicenza con un tuit.

Poco a poco iba pasando menos tiempo con personas de otros países y más tiempo con vicentinos de toda la vida. Las diferencias no solo eran evidentes. No solo hablaban idiomas diferentes, hablaban diferentemente. No solo se expresaban con manos, brazos, cara y el resto del cuerpo, lo hacían de una determinada manera. No solo vivían cada uno a su manera, con sus horarios y su ritmo, lo vicentinos tenían un horario, un ritmo y una manera. Muchas cosas eran desiguales, necesariamente tenían que serlo. Lo eran efectivamente. Y así era porque Polonia está en Polonia y Vicenza está en Vicenza.

Yo, cada vez notaba más diferencias. Diferencias que determinaban ser polaco o ser vicentino. Contrastes más o menos frecuentes. El polaco tenía los suyos, el vicentino también. Las diferencias del vicentino las veía en su ropa, manera de gesticular, de mirar, de observar, de interactuar, de comunicar, etc. Entre todas esas, una me llamó la atención enseguida: una palabra. Uno de los muchos vocablos del vicentino. Uno de los más habituales entre vicentinos. En la conversación laboral, por supuesto, pero también entre amigos que tomaban un café, e incluso en momentos de fiesta. Es decir, estaba casi siempre presente. Estaba en todas partes.  En todas las situaciones. En todos los argumentos. Era casi omnipresente.

Para mí era sorprendente no solo por su frecuencia sino porque para mí no tenía esa contundente importancia. Para mí, era más bien secundaria. Diría que para un español como yo llegaba mucho después de palabras como amigos, familia, fiesta, siesta, marcha, juerga, diversión, caña, tapa, cerveza, bar, discoteca, botellón, playa, sol, vinito, tinto de verano, chiringuito, y tantas otras más.

En Vicenza, sin embargo, estaba en primera posición, como la Ferrari. Podía estar sola o acompañada. Podía ir con el coche, el teléfono, el ordenador, la tarjeta, el comedor, la llave del café, la máquina del café, el colega e incluso el amigo o conocido. Estaba en los momentos de trabajo, pero también de ocio. Estaba en la oficina o también en casa. Era un sueño, una esperanza, un orgullo y una seguridad cuando se poseía. Era un estatus y una visión. Daba todo eso y no solo dinero.

Yo la comparaba con mamá, con la madre vicentina. Te daba de comer, te vestía, te cuidaba, te protegía. Te premiaba cuando te comportabas bien y te castigaba cuando no. Te echaba de menos cuando no estabas con ella y esperaba con ansia tu vuelta.

En definitiva, era mamá, era la empresa, la mamma, la azienda

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