Algunos grandes hombres de Padua (en mi opinión)

Versión en español

Grandes hombres de Padua en el Prato della Valle


Bien es sabido que los humanos se han establecido en determinados territorios y si las condiciones se lo permitieron permanecieron en ellos y fundaron nuevas poblaciones que con el tiempo y si el destino les fue favorable se convirtieron en nuevas civilizaciones. Éstas florecieron gracias a hombres excepcionales.

En el pasado, sobre todo, en el mundo clásico, aquellos fueron filósofos, poetas, hombres de cultura, Hombre buenos. Es decir, quienes en la sociedad actual han perdido todo peso e importancia y no se les necesita casi en ninguna parte. Craso error el que cometemos.

Ya decía Platón, hace más de dos mil cuatrocientos años, que eran los únicos (los filósofos) capaces de gobernar. Si no son ellos, nadie lo es, mucho menos personajes de pacotilla como los que hoy en día desgobiernan. Aun más claro, sin filósofos los males del Estado y por lo tanto del género humano jamás cesarán (lo decía Platón).

Quizá fue por eso, sólo tal vez, digo, que aparecieron y florecieron grandes civilizaciones en el mundo antiguo, desde la Grecia clásica hasta la Roma antigua. Y en Padua durante la república romana y posterior imperio vivió uno de esos hombres: Tito Livio.

Monumento de Tito Livio en el Palazzo della Ragione


El famoso historiador, nacido y muerto hace exactamente dos mil años en la romana Patavium, de quien el año pasado se celebró el aniversario de su muerte con numerosos actos Tito Livio 2017. Fue gracias al historiador patavino que conocemos los entresijos de la roma republicana e imperial, escritos por él en su monumental Ab urbe condita libri, sólo unos ciento cuarenta y dos libros. Nada más y nada menos.

Livio tuvo fundamental influencia en otros dos grandes hombres que vivieron o transitaron por Padua. El primero fue el mayor poeta y padre de la lengua italiana. Quien en el infierno de su Divina comedia, exactamente en el canto XXVIII habla así de Livio: Livio che non erra (Livio quien nunca yerra). Que Dante viviera en Padua es más que dudoso, a pesar de la inscripción que puede leerse en la casa neogótica de Piazza Antenore, justo delante de la mítica tumba del héroe troyano

Tumba de Antenore (grande) y Lovato Lovati (pequeña) delante del palacio gótico con la inscripción sobre Dante


Palacio con inscripción sobre Dante entre las ventnas

Inscripción que coloca a Dante en esta casa

Ahora, que transitara y conociera a varios ciudadanos más o menos ilustres de la época nos lo indica su divino libro. Por ejemplo, cuando habla de Reginaldo Scrovegni, padre de Enrico Scrovegni, el responsable de la capilla de los Scrovegni, pintada por Giotto. De aquél, Dante, en el canto XVII del Infierno nos lo describe como un puerco de color azul que pulula en el séptimo anillo del infierno. Lo curioso es que dicha descripción coincide con el emblema del escudo familiar de la famosa familia de usureros de Padua.

Otro gran hombre en el que dejó huella Tito Livio fue Francesco Petrarca. Esto es lo que pensaba Petrarca de Tito Livio: el verus Livi sospirator. (Livio el verdadero suspiro). A diferencia de Dante, Petrarca vivió en Padua, como nos muestran los frescos de la Basílica de San Antonio.

Retrato de Francesco Petrarca en la capilla de Santiago Apóstol en la Basílica de San Antonio de Padua


 Además, sabemos que Petrarca habitó en una casa cerca de la actual catedral de Padua


Catedral y baptisterio de Padova

y escribió el epígrafe a su querido Jacopo da Carrara que todavía hoy adorna la tumba del señor de Padua en la iglesia de los Ermitaños. 

Fachada de la iglesia de los Ermitaños

Nave central con altar principal en el fondo

Entrada de la iglesia desde el altar principal
Tumba de Jacopo da Carrara
Tumba de Jacopo da Carrara con la inscripción de Francesco Petrarca

La inscripción de Francesco Petrarca dedicada a Jacopo da Carrara

Traducción de la inscripción del latín al italiano


Estos dos grandes hombres representan, sin duda, lo más bello e inspirador de los comienzos de la cultura humanista clásica de la Edad media. De ellos, es seguro que bebieron muchos grandes hombres en el medievo. Uno de ellos fue Marsilio de Padua. Marsilio fue filósofo, médico y teólogo. Uno de los principales renovadores de la filosofía escolástica (la de Tomás de Aquino, etc.) y el mayor representante de la libertad individual del ser humano frente al poder de la Iglesia por su intención de recuperar los valores originales y verdaderos del cristianismo. Importante fue también su lucha por educar al hombre con la ciencia y convencer de que los poderes terrenales no le correspondían a la Iglesia.


Fresco con humanistas medievales del Palazzo della Ragione

Otro de esos reformadores de la sociedad medieval, gracias al estudio de la filosofía clásica y su implantación en la doctrinas religiosas, fue Pedro de Abano. Pedro fue médico, gran conocedor de la medicina árabe, astrólogo y profesor de la universidad de Padua. Sus estudios del cielo fueron fundamentales para la decoración pictórica del palazzo della Ragione,


Palazzo della Ragione desde Piazza delle Erbe

el antiguo salón del tribunal de justicia. Éste se puede visitar todavía hoy y en su interior además de los frescos de principios del siglo XV inspirados en la obra de Pedro de Abano, deja boquiabierto el gran espacio interior bajo el techo de madera en forma de quilla, el mayor del mundo en suspensión. 

Interior del Palazzo con los frescos inspirados por Pedro de Abano

Pared meridional

Pared septentrional

Parte posterior con el caballo de “Donatello”

Pedro de Abano seguramente también proporcionó a Jacopo Dondi dell’Orologio los conocimientos necesarios para la construcción de su magnífico reloj astrológico, uno de los más antiguos del mundo, que aún hoy funciona impulsado por su mecanismo original y decora la torre veneciana de Piazza dei Signori, la plaza mayor de Padua. 


Torre del reloj en Piazza dei Signori

A pesar de la persecución de la Inquisición que sufrió en vida e incluso después de su muerte, Pedro de Abano, ejerció una gran labor de enseñanza y estudio, sobre todo, como profesor en la joven, para la época, Universidad de Padua. Y aquí llegamos al lugar que desde 1222 ha sido templo de la sabiduría, de la razón y la ciencia. Lugar predilecto de numerosos hombres buenos que a lo largo de los siglos han desarrollado la cultura y el conocimiento en pos de una sociedad mejor. Hoy este lugar es el Palazzo del Bo, sede antigua de la Universa Universis Patavina Libertas, la Universidad de Padua. 



Fachada del Bo, sede central de la Universidad de Padua.


Versione in italiano


Grand uomini di Padova nel Prato della Valle


È risaputo che gli esseri umani si sono stabiliti in luoghi specifici e se glielo permettevano le condizioni rimanevano e in essi fondavano nuovi insediamenti i quali col tempo e un destino favorevole diventavano nuove civiltà. Queste fiorirono grazie a uomini eccezionali. 

In passato, soprattutto, nel mondo classico, quelli uomini furono filosofi, poeti, uomini di cultura, Uomini buoni. Vale a dire, quelli che nella società odierna hanno perso tutta la valenza e importanza e non sono necessari quasi da nessuna parte. Gravissimo errore il nostro. 

Infatti, già duemila e quattrocento anni fa, Platone diceva che quelli erano gli unici (i filosofi) capaci di governare. Se non loro, nessuno lo è, molto di meno i personaggi da quattro soldi che oggigiorno sgovernano. E anche di più, senza i filosofi i problemi dello Stato e quindi degli uomini non finiranno mai (così diceva Platone).

E forse fu per questo, soltanto forse dico, che apparirono e fiorirono le grandi civiltà del mondo antico, dalla Grecia classica fino l’antica Roma. A Padova durante la repubblica romana e il posteriore impero visse uno di questi uomini: Tito Livio.


Monumento in onore di Tito Livio nel Palazzo della Ragione.

Il famoso storico, nato e morto esattamente duemila anni aa nella romana Patavium, del quale l’anno scorso fu celebrato l’anniversario della morte con tanti eventi Tito Livio 2017.
Graze al Livio conosciamo i meandri della roma repubblicana e imperiale, scritti nella sua monumentale Ab urbe condita libri, soltanto cento quaranta e due libri. Niente meno.

Livio ebbe una influenza fondamentale in altri due uomini i quali vissero o soggiornarono a Padova. Il primo fu il massimo poeta e padre della lingua italiana. Quello che nell’Inferno della sua Divina Commedia, esattamente nel canto XXVIII così parla di Livio: Livio che non erra. Il soggiorno patavino di Dante è più che dubbioso, nonostante la targa che tutt’oggi puo leggersi sulla facciata neogotica del palazzo di Piazza Antenore, proprio davanti la mitica tomba dell’eroe troiano.

Il palazzo neogotico di fronte alla tomba di Lovato Lovati e Antenore
Il palazzo neogotico dove sorge la targa 
Targa che ricorda il soggiorno padovano di Dante in questa casa

Il soggiorno e la conoscenza dei cittadini più o meno illustri dell’epoca ce lo indica il suo divino libro. Per esempio, quando parla di Reginaldo Scrovegni, padre di Enrico Scrovegni, il comitente della cappella degli Scrovegni, decorata da Giotto. Di Reginaldo, Dante, nel canto XVII dell’Inferno ci parla come fosse un porco azzurro che pullula nel settimo anello dell’inferno. Disegno che ancora oggi possiamo vedere nello stemma della famosa famiglia di usurai di Padova.
Un altro uomo nel quale l’impronta del Livio lascia il segno fu Francesco Petrarca. Così parlava Petrarca di Livio: el verus Livi sospirator. A differenza di Dante, Petrarca visse a Padova, come ciindicano gli affreschi della Basilica di Sant’Antonio.

Affresco della cappella di San Giacomo al Santo

Inoltre, sappiamo che il Petrarca abitò in una casa vicino l’attuale cattedrale di Padova 
Cattedrale e battistero di Padova 

e anche scrisse l’epigrafe al suo amato Jacopo da Carrara che ancora oggi ricorda la tomba del signore di Padova nella chiesa degli Eremitani.

Facciata della chiesa degli Eremitani

Navata e altare principale in fondo

Veduta dell’entrata dall’altare principale
Tomba di Jacopo da Carrara

Tomba con l’epigrafe del Petrarca

Epigrafe del Petrarca in latino

Traduzione in italiano dell’epigrafe latina del Petrarca
Questi due grandi uomini rappresentano, senza dubbio, la bellezza e l’ispirazione degli inizi della cultura umanista classica del Medioevo. Di loro, sicuramente, bevvero molti altri grandi uomini. Uno di loro fu Marsilio da Padova. Marsilio fu filosofo, medico e teologo. Uno dei principali rinnovatori della filosofia scolastica (quella di Tomasso d’Aquino, ecc.) e il maggior rappresentante della libertà individuale dell’essere umano contro il potere della Chiesa giacché cercò di ricuperare i valori originari del vero cristianesimo. Importante fu anche la sua lotta per l’educazione dell’uomo attraverso la scienza, oltre, a cercare di convincere che i poteri terrenali non corrispondevano alla Chiesa. 


Fresco con umanisti medioevali del Palazzo della Ragione
Altri di quei riformatori della società medioevale grazie allo studio della filosofia classica e la sua radicazione nelle dottrine religiose fue Pietro d’Abano. Pietro fu medico, grande conoscitore della medicina araba, astrologo e professore all’università di Padova. I suoi studi sul cielo furono fondamentali per la decorazione pittorica del palazzo della Ragione,


Palazzo della Ragione da Piazza delle Erbe
l’antico salone del palazzo di giustizia. Questo si puo ancora visitare oggi e nel suo interno oltre agli affreschi degli inizi del Quattrocento ispirati all’opera di Pietro d’Abano, lascia a boca aperta, il grande spazio interno sotto il soffitto di legno carenato, il più grande al mondo in sospensione. 


Salone con gli affreschi e cavallo di “Donatello”

Parete meridionale

Parete settentrionale

Salone dietro il cavallo 
Pietro d’Abano forse favorì che Jacopo Dondi dell’Orologio costruisse il suo magnifico orologio astronomico, uno dei più antichi al mondo, e che ancora oggi funziona mosso dai meccanismi originari il quale decora la torre veneziana di Piazza dei Signori.


Torre dell’orologio in Piazza dei Signori
Nonostante le persecuzioni da parte dell’Inquisizione in vita e addirittura dopo la morte, Pietro d’Abano, portò a termine un grande lavoro di insegnamento e studio, soprattutto, come professore nella appena nata Università di Padova.
Qua arriviamo a luogo il quale dal 1222 è stato il tempio della sapienza, la ragione e la scienza. Luogo prediletto di tanti uomini buoni che lungo i secoli hanno sviluppato la cultura e la conoscenza per una società migliore. Oggi questo luogo è il Palazzo del Bo, sede antica della Universa Universis Patavina Libertas. 


Facciata del Bo, sede dell’Università di Padova.


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